Las frases que nos hacen (y las que nos persiguen) |
Hay frases que no recordamos cuándo nos las dijeron por primera vez, pero que se han quedado a vivir dentro de nosotros. No ocupan mucho espacio, no hacen ruido, pero nos condicionan y nos persiguen cada día. Son frases pequeñas, dichas con voz de adulto, a menudo con buena intención —o no, no lo sé. Cuando somos pequeños, no entendemos que las palabras también nos educan. Que no solo nos ayudan a entender nuestro entorno y nuestro mundo, sino que también nos ayudan a construirlos. Las frases que nos dicen nos enseñan qué está permitido, qué es posible y qué merece ser intentado. Y lo hacen en la lengua más cotidiana, una aparentemente muy inofensiva.
Estas Navidades, viendo vídeos antiguos —tengo la suerte de que mi padre grabó muchos momentos en VHS— nos he visto y oído. Este año lo he hecho con una mirada diferente. No ha sido solo un ejercicio de nostalgia, ha sido una revelación. La manera en que siempre nos ha hablado nuestra madre: respetuosa, confiada, firme… Nos ha hecho como somos. Nos animaba a hacer las cosas solas, a intentarlo, a equivocarnos, nos hacía preguntas y nos hablaba como a adultas: “¡Valentina,........