El catalán de los 'gimbros'
Hace un año que decidí apuntarme al gimnasio. Y no solo me apunté, sino que, contra todo pronóstico, he conseguido ir dos o tres veces a la semana. Si alguien me lo hubiera dicho hace dos años, le habría dicho que se equivocaba de persona.
El primer día entré convencida de que lo más difícil sería levantar peso. Me equivocaba. Lo más complicado era entender qué narices me estaban pidiendo que hiciera. "Hoy empezaremos con press banca, después unos burpees, continuaremos con hip thrust, deadlift, mountain climbers, jumping jacks, un par de walking lunges y acabaremos con otro nombre de ejercicio incomprensible. Ah, y antes haced un buen warm-up." Pero... ¿qué cojones?
Confieso que durante las primeras semanas desarrollé una técnica infalible: copiar al de al lado. Si él se estiraba en el suelo, yo también. Si cogía dos mancuernas, yo también. Si empezaba a saltar como un canguro hiperactivo, yo también. Con un poco de suerte hacía el ejercicio correcto. Con un poco de mala suerte todavía calentaba cuando el resto ya había terminado la serie. Hubo días que pensaba que un burpee era una bebida isotónica y un EMOM, una nueva criptomoneda.
Después descubrí que aquello que toda la vida había sido una........
