Un papa en las Cortes
Llegó, vio, venció. Que un papa haya hablado en las Cortes es especialmente interesante para los juristas. Algunas personas han manifestado su desprecio por el hecho de que en las Cortes se produjera una ovación de siete minutos tras el discurso que allí pronunció León XIV, por el hecho de que una mayoría de los congregados, teóricamente, no compartieran parte de lo que dijo. Porque quien afirmó estar allí en calidad de obispo de Roma manifestó ideas con las que unos u otros, a izquierda y derecha, podían sentirse cómodos, y también otras que, directamente, impugnaban leyes que una mayoría de los diputados presentes habían aprobado no hace tanto. Las portadas de los periódicos al día siguiente de ese encuentro daban fe de la aparente paradoja: cada cual hacía suya la parte de lo dicho que conectaba con su respectiva sensibilidad material. Pero, en realidad, sus palabras volaban a otra altura, instaban a los presentes a anclarse a un plano superior, espiritual. Y yo creo que esa es la razón de la ovación. Cuando la verdad habla, el ruido cede paso al silencio, y este, en comunidad, deviene admiración. Lo sepa la comunidad o no.
Cuando el papa habla, no habla un hombre, habla el eslabón que une a Dios con sus criaturas. “Lo que tú ates en la tierra, quedará atado en el cielo”, dijo Jesús a Simón Pedro. Habla, por tanto, como vicario de Cristo, el mayor provocador, el que vino a........
