Sobre la nostalgia generacional |
Ha vuelto Hannah Montana. Antes de que los hombres de mediana edad que conforman mayoritariamente mi público lector dejen de leer, esta no es una columna sobre Hannah Montana. O no del todo. La producción cultural de los últimos años ha dado síntomas de que la capitalización de la nostalgia sale a cuenta. Y que sale a cuenta, sobre todo, en cuanto a los productos que la generación Z y la generación millennial consumieron antes de saber que pertenecían a alguna generación. Ahora es Hannah Montana, pero en su momento también fue "Friends", y en Catalunya también es la mitificación ineludible de "Plats Bruts" o de las series que hace veinte años emitía el desafortunadamente desaparecido 3XL. Ambas generaciones se encuentran atrapadas en un balbuceo melancólico. Parece que, frustradas definitivamente todas aquellas ilusiones esperanzadoras que debían permitirnos seguir construyendo y hacerlo mirando de cara al futuro, el único lugar seguro que garantiza un refugio a la intemperie del mundo es el pasado. Que las generaciones Z y millennial encuentren consuelo en los productos que capitalizan la nostalgia manifiesta un desasosiego de fondo: la esperanza no forma parte del mainstream porque parece que nuestros presentes están desprovistos de nada que nos la pueda evocar.
El paso del tiempo es la herida que hurga el corazón de cualquier humano, porque es el recordatorio constante de que somos esclavos del cambio, de que nuestra voluntad tiene límites sobre nuestra propia........