La Iglesia catalana que ha desistido de serlo
La Iglesia catalana se castellaniza porque Catalunya se castellaniza. Cuando escribo Iglesia catalana me refiero a la Iglesia católica en Catalunya. Quizás la visita del Santo Padre a Barcelona y la polémica por la bendición de la torre de Jesús en castellano pone el tema sobre la mesa por primera vez para muchos catalanes, pero quienes vivimos nuestra fe ligada a la vida parroquial hace tiempo que asistimos desesperados a este fenómeno. Hace tiempo que tenemos que enterarnos con previsión de cuáles son las misas en catalán en Barcelona, porque, si no, son por defecto en castellano. Hace tiempo que, creyéndonos que asistimos a una misa en nuestra lengua, resulta que sobrevenidamente es una misa bilingüe. Hace tiempo que nos tenemos que oír decir que lo importante es el mensaje de Jesús, y no la lengua en que se predica, mientras casualmente la lengua en que se predica siempre es el castellano. La castellanización de la Iglesia catalana ha sido progresiva porque la Iglesia en Catalunya —entendida como los hombres y mujeres religiosos y laicos que la configuramos— no es ajena ni a la minorización nacional, ni a la pacificación política, ni al estruendo demográfico que vive el país. Entiendo que lo más fácil y tentador sería señalar a Omella, o al padre Gasch, o a los colectivos más españolistas de la Iglesia en Catalunya. No quiero eximir a nadie de responsabilidad, pero si no entendemos la castellanización como una asimilación estructural que nos afecta dentro y fuera de la Iglesia, tendremos menos herramientas para entenderla como un proceso premeditado y revertirla.
La doctrina de la Iglesia —lo hemos visto estos días con la encíclica de León XIV— tiene consecuencias políticas. Las decisiones lingüísticas que se toman para una comunidad concreta, a pesar de que a veces se presenten como una adaptación al contexto meramente instrumental y, por lo tanto, apolítica, también son políticas. Sobre todo en un contexto de minorización lingüística como el nuestro, que la Iglesia se castellanice refuerza esta misma dinámica de minorización y, como resultado, tiene consecuencias concretas para los derechos lingüísticos de los católicos catalanes. Igual que en muchas de las instituciones del país, en la Iglesia catalana se ha llegado al punto donde........
