Contra la tibieza

Una de las consecuencias de la despolitización colectiva que han acarreado la renuncia de los líderes, el postprocés y la pérdida de confianza en las instituciones y en el sistema democrático, es la falta de conciencia sobre la dimensión política que tienen las decisiones personales. Igual que quien atraviesa una ruptura procura hacer un corte limpio mental, ficticio, entre el tiempo que transcurrió con la ex y el tiempo presente, existe una especie de catalán que procura trazar el mismo corte entre la persona que fue durante los años del procés y la persona que es hoy. Es una manera de compartimentar que, delimitando etapas, permite cerrarlas y sentir que se comprende y se controla el duelo. Haciendo esta clasificación psicológica, el catalán tibio que aún conserva en el perfil de Instagram las fotografías de la Via Catalana de 2013 se puede decir a sí mismo que aquel era un momento político en el que la implicación política tenía sentido, pero que, cerrado y sellado el compartimento en cuestión, la implicación personal —sin la pasión colectiva— tiene un punto de ridículo extemporáneo. 

Esta clase de tibieza, la tibieza del catalán que hoy identifica la catalanidad desacomplejada con la vergüenza del recuerdo del procés —instigada, sobre todo, por el hecho de que más que ser derrotados fuimos desactivados desde dentro—,........

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