Los padres putativos |
Siempre me decía que era su cuarta hija. Él era el mejor amigo de mis padres. Se llamaba Jesús y era de Pamplona. Sí, de esos amigos que son más que familia. Un relojero que sufrió un ictus y ya no pudo volver a trabajar porque la mano no le respondía. Recuerdo aquella Semana Santa que, en vez de pasarla juntos en algún punto de la Península, fuimos a verlo pensando que quizás no saldría de esa. Y lo vi llorar, y lloramos todos: sus hijas, mi hermano y mis padres.
—Escucho tu corazón —le decía de niña cuando escuchaba su marcapasos.
Siempre que nos despedíamos de él, me quedaba un rato en silencio pensando si quizás sería la última vez. Por eso saboreábamos los momentos con él como si fueran únicos, especiales, mágicos y encantadores. Ha acabado muriendo a los 84 años y, aunque me da mucha pena, solo puedo celebrar todo el tiempo de más que hemos podido disfrutarlo y que le ha permitido ver crecer a sus nietos.
Todos tenemos padres putativos que nos ayudan ahí donde nuestros padres no llegan, y que nos recuerdan que........