Una piedra en el zapato |
Si las prospecciones que circulan por las redes sociales son ciertas, la política catalana sufrirá un terremoto como no había sufrido nunca ninguno antes. Eso a dos años vista de las elecciones catalanas, que no tocan hasta 2028 si Salvador Illa no las adelanta por algún motivo, que por ahora no se ve en ningún sitio. Antes, sin embargo, los comicios municipales del último domingo de mayo de 2027 —apenas de aquí a un año— se convertirán en el primer test para saber por dónde van las tendencias de todos. Los partidos, todos sin excepción, están en modo electoral —cosa no muy difícil, porque puede decirse que lo están siempre— y, en el caso concreto de Catalunya, sorprende que la mayoría hagan cábalas no de acuerdo con las posibilidades reales de cada uno, sino en función de qué puede hacer o dejar de hacer otra fuerza política que todos odian profundamente, pero que todos temen más que una tormenta de verano: Aliança Catalana.
Cada vez que se ocupan de Aliança Catalana lo único que consiguen es darle alas
Cada vez que se ocupan de Aliança Catalana lo único que consiguen es darle alas
¿Por qué ahora que la formación de la alcaldesa de Ripoll le pisa los talones JxCat busca desesperadamente votos debajo de las piedras para tratar de rehacer el antiguo espacio de CiU después de años de haberlo despreciado? ¿Por qué el PSC pierde una sábana, y a este paso pronto el ajuar entero, cada vez que pretende buscarle las cosquillas a Sílvia Orriols? ¿Por qué ERC, la CUP y los Comuns parecen cada vez más preocupados por los movimientos de Aliança Catalana que por los problemas propios, que los tres tienen y no menores precisamente? ¿No será que lo que pasa realmente es que los pronósticos de las encuestas y los sondeos que manejan, y sobre todo la sensación de la gente de la calle, les indican que los de Sílvia Orriols les comen terreno a todos, a........