El dilema de ERC en Madrid
“ERC no echará a Rufián, pero, si él se marcha, muchos estarán contentos dentro del partido”, dijo Lluís Falgàs en el programa Cafè d’idees hace unas semanas, coincidiendo con el acto público que el jefe de filas republicano en el Congreso hizo en Barcelona con Irene Montero. Esta idea expresada de manera inequívoca por el decano de los periodistas parlamentarios catalanes es recurrente en todos los cenáculos barceloneses y en todos los mentideros madrileños. He tenido ocasión de comprobarlo esta misma semana en la capital del Estado, donde se me aseguró que Gabriel Rufián no se habla con la mitad de sus diputados ni con la mayoría de los periodistas catalanes en Madrid. Tampoco participa habitualmente de las ejecutivas del partido, de las que es miembro nato en tanto que presidente del grupo parlamentario en el Congreso. No pone mucho los pies en Catalunya ni dialoga con sus propios votantes. Por si fuera poco, su representatividad y los motivos por los que fue votado, como cabeza de cartel de un partido independentista histórico, pienso que están muy alejados de su dinámica parlamentaria. Viendo sus intervenciones desde la tribuna de oradores, se me generan algunas preguntas. ¿Rufián centra su acción política en Catalunya o en España? ¿Rufián prioriza el progreso del independentismo catalán o se limita a ser un sargento de la guerra eterna entre la derecha y la izquierda españolas? ¿Rufián preferiría ser ministro de Pedro Sánchez o conseller de Oriol Junqueras? ¿Rufián apuesta por una nueva........
