La corrupción como fenómeno estructural

A pesar de las muchas veces que me he posicionado sobre esta lacra, creo que ahora es una buena ocasión para insistir, cuando en apenas una semana de abril de 2026 dos juicios de enorme trascendencia institucional se han abierto simultáneamente. En el Tribunal Supremo, el exministro José Luis Ábalos, su asesor Koldo García y el empresario Víctor de Aldama responden por la presunta trama de las mascarillas durante la pandemia. En la Audiencia Nacional, el exministro del Interior Jorge Fernández Díaz, el excomisario Villarejo y una decena de mandos policiales se sientan en el banquillo por la operación Kitchen, el presunto operativo parapolicial para sustraer documentación comprometedora a Luis Bárcenas. En paralelo, la Fiscalía Anticorrupción investiga el rescate de 53 millones de euros a Plus Ultra, con ramificaciones que apuntan a fondos de origen venezolano. Lo que tenemos ante nosotros no es una sucesión de anécdotas judiciales: es la radiografía viva de un problema sistémico que debería interpelarnos como sociedad democrática.

Y, sin embargo, la cobertura mediática dominante sigue atrapada en los mismos vicios: la personalización trivial, el titular diseñado para la indignación efímera, la reducción de tramas complejas a duelos partidistas. No es un fenómeno nuevo. La cobertura del procés catalán ofreció un precedente revelador: buena parte de los medios nacionales optó por una narrativa binaria —constitucionalismo frente a secesionismo— que impedía comprender las dimensiones jurídicas, políticas e históricas del conflicto. El resultado fue una sociedad informada no para entender, sino para tomar partido deshumanizando y criminalizando al adversario. Aquella experiencia debería habernos enseñado que, cuando los medios renuncian a la complejidad, la democracia se empobrece. El deber del periodismo no es confirmar las convicciones de su audiencia, sino proporcionarle los elementos para formarse un juicio propio.

Conviene detenerse en los hechos con la frialdad que merecen. En el caso de las mascarillas, la Fiscalía solicita 24 años de prisión para Ábalos y 19 años y medio para Koldo García por delitos que incluyen organización criminal, cohecho, tráfico de influencias, falsedad documental, prevaricación y malversación. La acusación describe un sistema organizado de adjudicación irregular de contratos públicos en plena emergencia sanitaria, cuando los ciudadanos morían en hospitales saturados. Que se aprovechase........

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