De lo habitual a lo normal

Hay una trampa cultural especialmente peligrosa para cualquier democracia: confundir lo habitual con lo normal. Lo habitual describe la frecuencia de un fenómeno. Lo normal expresa su adecuación a un estándar. Cuando ambas categorías se superponen, cuando la repetición se convierte en criterio de legitimidad, comienza un proceso silencioso de erosión institucional. No se produce una ruptura visible. No hay un momento fundacional del deterioro. Hay, más bien, una sucesión de ajustes imperceptibles que rebajan el listón sin que nadie declare formalmente que el listón ha cambiado.

Las democracias no se degradan únicamente por golpes abruptos o quiebras formales del orden constitucional. Se degradan también cuando las excepciones se cronifican, cuando las tensiones dejan de ser transitorias y pasan a formar parte de la normalidad operativa del sistema. La erosión democrática contemporánea es, en muchos casos, una erosión por habituación.

En España se ha ido naturalizando una serie de prácticas que, aun siendo frecuentes, no deberían considerarse normales en términos de calidad democrática. La diferencia entre una democracia funcional y una democracia exigente no radica solo en la existencia de elecciones libres, sino en la densidad de sus límites institucionales y en la cultura que protege esos límites.

La prolongada interinidad que se produjo en la renovación del Consejo General del Poder Judicial constituye un ejemplo paradigmático de esta dinámica. El mandato caducó, las negociaciones se prolongaron sin acuerdo y el órgano permaneció en funciones durante años. Aquello que inicialmente se percibió como una anomalía transitoria terminó integrándose en el paisaje político, como si formara parte del funcionamiento ordinario del sistema. Sin embargo, nunca fue normal que un órgano constitucional quedara bloqueado durante tanto tiempo por cálculos partidistas. La repetición y la duración del bloqueo no lo legitimaron; lo convirtieron en precedente.

Las democracias se degradan también cuando las excepciones se cronifican, cuando las tensiones dejan de ser transitorias y pasan a formar parte de la normalidad operativa del sistema

Las democracias se degradan también cuando las excepciones se cronifican, cuando las tensiones dejan de ser transitorias y pasan a formar parte de la normalidad operativa del sistema

El mismo patrón se proyecta ahora........

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