Cuando los impulsos sustituyen a la estrategia
Llevamos apenas tres semanas de guerra y ya resulta evidente que el conflicto bélico desatado contra Irán por Estados Unidos e Israel el pasado 28 de febrero constituye uno de los errores geopolíticos más graves de lo que llevamos de siglo. No porque la República Islámica de Irán sea un régimen admirable —no lo es—, sino porque la forma en que se ha iniciado esta guerra, los objetivos contradictorios que persiguen sus promotores y la absoluta falta de previsión sobre sus consecuencias revelan algo profundamente perturbador: que las decisiones que afectan a millones de personas se están tomando desde el impulso, la arrogancia y el cálculo electoral, no desde la reflexión estratégica.
Los hechos son elocuentes. Los bombardeos se lanzaron por sorpresa mientras estaban en curso negociaciones diplomáticas entre Washington y Teherán. Se asesinó al líder supremo, Alí Jamenei, y a decenas de altos mandos, con la aparente convicción de que decapitar el régimen equivaldría a derrocarlo. La historia, sin embargo, enseña exactamente lo contrario: los regímenes autoritarios no colapsan por la muerte de sus líderes cuando cuentan con un aparato institucional diseñado para la supervivencia. La República Islámica no es un hombre; es una red compleja de instituciones, servicios de inteligencia, la Guardia Revolucionaria con su enorme poder económico, los Basij como fuerza paramilitar de control interno y estructuras que sostienen la legitimidad clerical desde hace más de cuatro décadas.
La propia comunidad de inteligencia estadounidense había concluido que el cambio de régimen era improbable tanto en un escenario de guerra corta como prolongada. Es decir, quienes mejor conocían la realidad iraní desde dentro del propio gobierno estadounidense advirtieron que el objetivo declarado era inalcanzable. Se les ignoró.
A medida que el conflicto avanza, la fractura entre los objetivos de Washington y los de Tel Aviv se hace cada vez más visible. Netanyahu lo ha dicho con claridad: Israel busca el cambio de régimen, posiblemente instalando a Reza Pahlavi, el hijo del último Shah, como figura de una nueva administración. Para ello, Netanyahu ha abierto la puerta a una operación terrestre en suelo iraní y ha declarado que el cambio de régimen requiere un “componente terrestre”. Trump, por su parte, parece más interesado en lo que algunos analistas denominan el “modelo Venezuela”: alinearse con........
