Sin partidos
Es normal que los catalanes suframos por el futuro del país. Hace años, por no decir siglos, que luchamos para no caer al fondo del precipicio y parece que no acabamos de encontrar la manera de alejarnos del peligro. Nuestra historia hace pensar en aquellos sueños en que gritas y nadie te oye, quieres correr y las piernas no te responden, intentas avisar a alguien y resulta que no te ve. Es un poco la sensación que tengo cada vez que pongo los pies en Barcelona. La ciudad parece un escenario habitado por figurantes. Visitarla es un poco como ir al zoológico: como ver tu vida desde fuera. Incluso el Eixample ha perdido calidez.
Aun así, es importante saber poner la situación en perspectiva. Con todos los obstáculos que se quieran recordar, los catalanes hace un siglo y medio que vamos hacia arriba, que ganamos presencia en el mundo e influencia política. Si Pedro Sánchez lleva más tiempo gobernando que Aznar, Zapatero y Rajoy —y se propone superar a Felipe González—, es gracias a la fuerza disruptiva de Catalunya. Aunque el PSOE no nos guste, la historia de Sánchez está más en deuda con el general Prim y con la Primera República —y con el 1 de octubre— que con Franco o Cánovas del Castillo. Esto........
