Sánchez se hace un Aznar |
"La agonía física dura poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida".
No hay nada más deleznable en el expediente de Aznar como presidente que su negación de la realidad y su ataque directo e indirecto al Estado de derecho cuando su partido perdió el poder tras los cruentos atentados del 11 de marzo. Desde la mañana del atentado, el Gobierno Aznar intentó nadar en la mentira para conservar el poder. A sabiendas de que un atentado islamista significaba un vuelco en el voto, mantuvo la autoría de ETA, convocó manifestaciones contra ETA, mandó comunicaciones a las embajadas sobre la autoría de ETA y habló con los directores de medios para aseverar que la pista era ETA. No lo era. Desde la tarde de los atentados, la principal vía era la islámica. Acusaron a la oposición de una especie de sedición cívica. Encegados por el estupor y la rabia, respaldaron una conspiración inexistente. Realizaron una instrucción paralela en los medios de comunicación y un juicio paralelo. Lograron difundir bulos que aún hoy hacen pensar a algunos ciudadanos que aquello no quedó claro y que la Justicia y la Policía taparon una extraña confabulación.
Es la misma vía elegida ahora por Sánchez. Negar la contundencia de las investigaciones judiciales. Considerar que los cuerpos policiales encargados fabulan o inventan cosas, ya que si las tomara en consideración, debería, sin duda, largarse con el rabo entre las patas. Acusar a los jueces de confabulaciones contra él. Afirmar que todo es producto de un plan para arrebatarle el poder. Contraprogramar las instrucciones y los autos judiciales........