Campeonas
Me hice seguidor acérrimo del equipo femenino del Barça cuando el masculino las pasaba canutas para mantener el honor futbolístico de una entidad en horas bajas. La huella dejada por Bartomeu había sido tan profunda que el equipo masculino exhalaba tristeza y agotamiento metafísico, y suerte tuvimos del equipo femenino para recuperar la pasión perdida por el fútbol. Las jugadoras, a las que de vez en cuando llamo 'chicas' por cuestiones de edad —no por una masculinidad mal construida—, jugaban un tiqui-taca excepcional, marca de la casa, y poco a poco me enganché a las bonanzas de un equipo que no solo sorprendía por la técnica, sino por una musicalidad en el juego que recordaba los mejores años del guardiolismo. Y, partido tras partido, celebré las ligas, las victorias contra un Real Madrid liderado por una pérfida jugadora llamada Athenea del Castillo, que es el espíritu de Juanito en versión peste bubónica y, por supuesto, las cuatro Champions, la última, la cuarta, ganada a un Olympique Lyonnais gobernado con mano de hierro por la presidenta de un conglomerado de entidades futbolísticas que me recuerda, en versión femenina, al Doctor No.
Una vez alcanzada la cumbre, deberíamos pedir al president Laporta que mantenga la apuesta por un equipo que es un reflejo de las sociedades cosmopolitas. Inglaterra tiene grandes equipos de fútbol femenino. Francia tiene grandes equipos de fútbol femenino. Alemania tiene grandes equipos de fútbol femenino. EE.UU. tiene grandes equipos de fútbol femenino. Y, a diferencia de las cuatro naciones mencionadas, en España solo hay un........
