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En tiempos de tribulación no hacer mudanza

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01.10.2020

Habitualmente las recesiones no son buenas noticias para los gobiernos que aspiran a ser reelegidos. Ante una situación de reducción de la actividad económica e incremento del desempleo, los electorados suelen imputar, de forma justa o injusta, una parte de la situación a la incapacidad del gobierno para encontrar soluciones adecuadas. De esta forma las recesiones, en muchas ocasiones, preludian el cambio de ciclo político.

El caso español es paradigmático. Desde la transición, las recesiones se han saldado con cambios en el color del gobierno (aunque no todas las alternancias se han debido a recesiones). La crisis económica del segundo choque del petróleo en 1979 ayudó a la victoria socialista de 1982, la crisis del sistema monetario europeo de 1993-1994 propició la victoria del Partido Popular de 1996, y la gran recesión, a partir de 2008, también fue un elemento decisivo en el cambio de color del gobierno en 2011.

Ante una situación de descontento, los electorados buscan cambio, con independencia de la ideología del gobierno del momento

Este fenómeno es universal. La recesión de 1979 fue un factor determinante en los cambios de gobierno que se produjeron a principios de los años ochenta: en EE.UU., Ronald Reagan (Republicano) venció a Jimmy Carter (demócrata) tras un solo mandato del segundo. En Gran Bretaña, Margaret Thatcher inauguró en 1980 un largo mandato conservador. En Alemania, la CDU de Helmut Kohl desplazó a los Social Demócratas de Helmut Schmidt y, en Francia, los socialistas de la mano de Mitterrand vencieron por primera vez en la V República.

También en los países más afectados por la crisis de 1993 o por la Gran Recesión se produjeron fenómenos semejantes. Esto no quiere decir que la economía sea el único factor que explica los cambios de gobierno; hay muchos ejemplos de derrotas electorales de gobiernos en plena........

© elEconomista


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