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Irán, cómo quedar atrapado y luego querer salir de una guerra

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24.03.2026

El presidente de Estados Unidos ha anunciado que ha abierto conversaciones con Irán, aunque se conocen pocos datos. Parece una sorpresa, pero no lo es. En los conflictos armados que carecen de legitimidad jurídica internacional, es decir, que no cuentan con el aval del sistema multilateral ni se ajustan a los principios de la Carta de las Naciones Unidas, como es el caso de la guerra de Irán, la potencia que inicia las hostilidades suele enfrentarse rápidamente a un problema estructural de legitimidad.

En el caso de Estados Unidos, cuando una intervención es percibida como unilateral, preventiva o impulsada por intereses geopolíticos más que por una amenaza inminente claramente reconocida, el programa nuclear, el coste reputacional se acumula desde el primer momento. Si además la decisión ha estado influida o impulsada por un aliado estratégico como Israel, que también participa activamente en la acción militar, el conflicto puede ser interpretado internacionalmente como una operación concertada al margen del derecho internacional, lo que refuerza las percepciones de ilegitimidad. En este contexto, la narrativa justificativa, basada en seguridad y la lucha contra amenazas, tiende a erosionarse frente a contra narrativas que enfatizan la agresión, el desequilibrio de poder y el impacto humanitario. La pérdida del “relato” no es un elemento accesorio, sino central, pues condiciona las alianzas (casi inexistentes), debilita apoyos internos y externos, y otorga una ventaja política y simbólica al adversario, aunque esté debilitado a escala militar.


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