Vivir ¿o morir? en el caos desatado por Trump

Extraña sensación escribir sin conocer el desenlace de la amenaza que el terrorista en jefe de Estados Unidos ha fijado para las 2 de la madrugada hora española del miércoles 8 de abril. En ese momento mandará a “la Edad de Piedra”, dijo, a los “locos bastardos” iraníes si no abren el “puto Estrecho”. “Vivirán en el infierno”, sentenció. “Podemos acabar con un país entero en una noche y puede ser mañana”, se jactó sin inmutarse. Iniciaba una escalada de amenazas que no ha dejado de incrementar su violencia para culminar en un “Esta noche morirá toda una civilización. No quiero que esto ocurra, pero es probable que ocurra”. Ataques cruzados se disparan en las horas previas al ultimátum.

Desenfrenado más que de costumbre, Donald Trump se sitúa ante un micrófono y una cámara en múltiples momentos del día para decir una cosa y su contraria, extremar sus insultos y dar muestras evidentes de desvarío. De ése que afecta a los psicópatas, sin escrúpulos por definición, plenamente conscientes de cuanto dicen y hacen. Lo peor es que tiene al mando del Pentágono a un fanático de la violencia que hará lo que sea preciso y más por complacer a su jefe y permanecer en el puesto.


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