La buena muerte
Me pareció que su rostro estaba muy pálido. No era raro porque siempre había sido un hombre de tez clara que resaltaba sus cejas negras, una seña de identidad que le caracterizaba. El tono macilento y, sobre todo, el rictus de la boca entreabierta me dieron la respuesta. Ya había fallecido. Incorporado con ayuda de las almohadas y reinando sobre la cama........
