Trump va a dejar a Pedro Sánchez como poco menos que el Che Guevara |
A mí que me llamen cínico, si quieren, me da igual, pero llevo ya unos meses poniéndome las noticias a la hora de comer y de cenar para echarme unas risas. Que me llamen cínico, o frívolo, o que me llamen imbécil: me da igual; me da igual porque da igual lo que yo opine, así que imagino que tanto dará lo que opinen los demás, pero yo llevo ya unos meses poniéndome las noticias a la hora de comer y de cenar para echarme unas risas. La premisa es que las escucho con atención y hasta me asombro, y digo ¡madre mía! cuando hay una noticia verdaderamente trágica, como un asesinato machista o una de esas historias tristes que salen de vez en cuando, pero es pronunciar el presentador o la presentadora del canal 24h la palabra “Donald Trump” y me empieza a cambiar el gesto de la cara.
No es que no me tome en serio la amenaza que representa, al revés: en realidad, me da pánico cómo está dejando la ventana de Overton -en esta columna es verdadera devoción la que sentimos por Overton y su ventana- en lo que se refiere a la política internacional, ya que a Trump le quedan cuatro días, sea por viejo o por granjearse enemigos de toda índole, pero el movimiento MAGA que va tras él está lleno de pirados sanos y jóvenes dispuestos a seguir la estela que está dejando. La cuestión es que de un tiempo a esta parte encuentro la geopolítica casi al nivel de los desastres naturales, casi al nivel de un supervolcán o de un tsunami, casi al nivel de algo que, si dice de ocurrir, pues eso: va a ocurrir, quiera yo o no quiera. Democratizar la geopolítica es tal oxímoron que tiene el mismo sentido que un referéndum para decidir la dirección del viento.