Después de Orbán, nosotros |
A una parte de la izquierda la derrota de Viktor Orbán no le ha conmovido. A pesar de que el hasta ahora líder húngaro representa un nodo crítico de la internacional reaccionaria, así como un puntal clave de Donald Trump y el movimiento Make America Great Again (MAGA), hay una izquierda que ha centrado su atención en el perfil del candidato ganador: Peter Magyar, un antiguo colaborador de Orbán. El planteamiento consecuente es paralizante, asumiendo que ambos son las dos caras de la misma moneda.
Reconozcamos que el enfoque tiene su atractivo inicial. Al fin y al cabo, en condiciones normales nadie de izquierdas celebraría la victoria de un candidato conservador, ni en Hungría ni en ninguna parte. El problema es que no parece que estemos ante condiciones normales cuando incluso muchos partidos de izquierdas optaron por no presentarse a fin de facilitar la victoria de Magyar. De algún modo estos partidos —socialistas, verdes, liberales y otros más a la izquierda— entendían que derrotar a Orbán era la prioridad y, consecuentemente, sacrificaron su propia supervivencia parlamentaria. Un planteamiento que va más allá de los partidos, pues Magyar ha obtenido la victoria gracias a que ha conseguido aglutinar todo el voto anti-Orbán: un apoyo que se estima sostenido en un 11% de personas conservadoras, un 43% de liberales y el resto de las izquierdas y verdes.