Turismo global

La Navidad y el Año Nuevo en Cartagena han tomado un nuevo giro. Con más frecuencias y rutas aéreas, vemos por las calles de la vieja ciudad a turistas de diversas nacionalidades. En el Festival del Pastel estuvo un japonés con su familia. No lo podíamos creer, hasta que, al acercarnos, lo vimos repitiendo pastel y con ganas de comerse el bijao.

Rosa Cabarcas, una fiel cocinera participante del evento que aprendió las recetas de Lácides y Alfonso Moreno Blanco, se entendía con el japonés perfectamente. Otra receta del idioma universal de la cocina que Rosa cultivó de Lácides y Rafa Martínez fueron los gestos y morisquetas; por ellos identificaba el país de origen de sus clientes. Admirable la algarabía de gestos y muecas que hacía el oriental con Rosa, para sorpresa de los asistentes.

Pero lo más admirable fue verlo bailar ‘Bomba en Navidad’, de Richie Rey y Bobby Cruz. Unas chicas de comparsa se unieron a él y casi lo desbaratan. Recordé la época de ‘Malanga’ en Crespo Mar, cuando, en compañía de Albertico Vélez y Joche Manzur, dejaron a unas cachacas cojas después de bailar sin descanso. Menos mal que Consuelo descubrió a ‘Malanga’ por la trasmisión de ‘Ño Justo’ y se les acabó la fiesta.

Lupa a la Reforma Laboral

Cartagena avanza en turismo global; por Getsemaní se ven gringos bailando cumbia y en la placita de San Diego unos franceses se desayunan con empanadas con huevo y casabes. El turismo disfruta la calidez de la gente nuestra, la gastronomía, la música y el patrimonio arquitectónico. La vieja ciudad es mágica, ahora iluminada y limpia. En la Torre del Reloj y el Camellón de los Mártires varios grupos cantaron villancicos en italiano. Solo los oí parecidos hace 60 años en el callejón de los Besos, cuando Manuel Mainero “Barrilito” presentó novenas italianas haciendo coro con Alfredo Mainero, Marta Foschini, el gordo Carlini y unos Di Filipo de Mompós, primos de Mario Alario.

En aquel tiempo probamos los pasteles de Lola, un regalo que Papo Luca consiguió como aguinaldo por su arrojo al recuperar aquellos morunos perfumados.

En el Callejón Román, encargué pasteles a Tania Arrázola, había una cola comprando, entre ellos, turistas de los veleros del Club Náutico y otros que llegaron al puerto en un crucero de Royal Caribbean.

Interesante poder conocer lo que sucede aquí en Navidad y Año Nuevo. Están llegando turistas de todo el mundo, a nadie debe extrañarle ver a un japonés comiendo pastel, boronía y dulces del portal o a unas rumanas bailando cumbia con el alcalde y el gobernador en la Plaza de la Aduana y en la Proclamación bajo un torrencial aguacero.


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