Irán no caerá... ¿o sí?

Desde las revueltas de Mashhad en 1992, cuando un puñado de manifestantes desafiaron el régimen islámico por el alza de precios y el desempleo postguerra Irán-Irak, las protestas en Irán han sido un eco constante de descontento acumulado.

Aquellas primeras chispas, sofocadas con arrestos masivos y un puñado de muertos, palidecen ante la escala de lo que vendría después: el levantamiento de Qazvin en 1994, con 40 fallecidos por el encarecimiento de alimentos básicos; las movilizaciones de Islamshahr en 1995; las protestas estudiantiles de 1999, que se extendieron a más de 20 ciudades reclamando contra la corrupción y la censura. Cada ciclo ha crecido en participación masiva -de cientos a cientos de miles en las calles-, en extensión geográfica -de barrios a cientos de ciudades y pueblos remotos- y en duración, de días a meses de resistencia inquebrantable. Y con esa expansión ha llegado una represión cada vez más intensa: cifras récord de muertos y arrestos que escalan de........

© El Universal