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Tiempo de peligrosos extremismos

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06.09.2021

La presencia de Vox y su controvertido dirigente Santiago Abascal en México ha reavivado una expresión política que siempre ha estado oculta, envuelta bajo el velo del misterio y el mito, pero que siempre ha existido, militado y pesado en la política mexicana: la ultraderecha. Desde organizaciones religioso-empresariales como el Opus Dei, hasta los Legionarios de Cristo y su vinculación a los casos de pederastia y abusos sexuales de sus jerarcas, pasando por el Muro y la organización Tecos en Guadalajara, ambos movimientos universitarios anticomunistas, hasta llegar a la organización nacional de “El Yunque”, fundada en Puebla e incrustada en el PAN, partido al que usó para llegar al poder.

Históricamente los movimientos de derecha más radical en el país estuvieron aliados a la iglesia católica y a sectores empresariales que vieron en el gobierno de Lázaro Cárdenas una “amenaza comunista” por sus políticas sociales en favor de la educación pública laica, el reparto agrarista y la nacionalización de recursos como el petróleo. Ya antes de Cárdenas, a quien se identifica como el primer presidente de izquierda, la iglesia católica mexicana se había enfrentado al autoritarismo de Calles que provocó la sangrienta Revolución Cristera en la que surgen varias organizaciones ultracatólicas, como la Unión Nacional Sinarquista, la Acción Juvenil y otras que después serán semilleros del ultraderechismo militante.

Esos grupos que se activaron contra el cardenismo tomaron mayor fuerza y militancia, financiados por sectores de la iniciativa privada, de la década de los 60 a la de los 80, donde la era de la Guerra Fría atizó el discurso anticomunista y volvió a las organizaciones de la ultraderecha en combatientes activos contra una supuesta o real conspiración internacional para traer el comunismo soviético a México, una lucha en la que la asociación entre empresarios, iglesia y fanáticos del fascismo llegaron a transgredir los límites de la ley, a secuestrar, matar y a tratar de imponer sus visiones del conservadurismo lo mismo en su estrecha relación de amor-odio con el sistema del PRI, que con acciones armadas y de choque de grupos como el Muro y los Tecos, las conspiraciones del Yunque o el atizamiento del odio anticomunista que tuvo en el ataque a los estudiantes en Canoa, Puebla, una de sus expresiones más sanguinarias y visibles.

Por supuesto que esos grupos, que en sus delirios anticomunistas llegaron a........

© El Universal


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