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Los últimos en la pirámide

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Asistimos las últimas semanas a una serie de noticias relacionadas con los impactos y consecuencias del uso de las tecnologías de información y comunicación, y del empleo de algunas herramientas del internet que están empezando a tener diferentes consecuencias, tanto globales como individuales, dependiendo de las capacidades de distintos actores. Lo que ya no está en discusión son los impactos de esas tecnologías. Tal vez haya dudas sobre el alcance, la magnitud o consecuencias, en especial en la infancia, y por lo tanto en el futuro de la humanidad. Según la Unesco, el 58% de los sistemas educativos del mundo ya han implementado prohibiciones o limitaciones al uso de los teléfonos móviles en las escuelas primarias y secundarias. Ya en muchos países se está pasando de las recomendaciones a la legislación estricta.

Esas noticias van desde la prohibición del empleo de teléfonos inteligentes y otros dispositivos electrónicos a menores de edad, la restricción del uso de estos aparatos en sistemas educativos de algunos países desarrollados, el retorno en sistemas educativos de países del primer nivel, al empleo de libros como soporte del proceso de formación, a las demandas en cortes nacionales y multilaterales a plataformas como Facebook, Instagram, Tik Tok y otros. Más recientemente se ha estado alertando sobre los impactos del uso diario de la IA, pues su búsqueda para superar o enfrentar problemas de depresión, ansiedad y otros tipos de crisis personales se está traduciendo en mayor dependencia, en más elevados niveles de sometimiento y de ausencia de la capacidad de desprenderse de estas.

Las respuestas tienen que ver con varios aspectos, como la comprensión de los impactos, las capacidades para detener, revertir o eludir dichas consecuencias, y en el fondo, con la autonomía y la libertad de los seres humanos, pues en buena medida las consecuencias están directamente relacionadas con las capacidades de los gobiernos, de las instituciones públicas, de los sistemas educativos, de las familias y de las personas para responder, transformar o aprovechar esos impactos. No solo está en juego el presente y futuro de la infancia, sino lo que conocemos hoy como la democracia, la seguridad y soberanía nacional.

La eterna proclama de Simón

Pero como ocurre con las pirámides sociales, el triángulo superior no solo es quien tiene las mejores condiciones, sino que es la que puede adecuarse o transformar más rápida y fácilmente las consecuencias negativas de este nuevo orden. De allí para abajo se van reduciendo las capacidades de adaptación o de respuesta, y termina siendo el segmento más amplio de esa pirámide, la que tiene menores condiciones de respuesta, la que termina pagando los mayores costos de esto que ellos utilizan diariamente sin poder preguntarse o de transformar su uso. Como afirman algunos científicos, asistimos a la creación de una nueva forma de esclavitud.


© El Universal