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‘¿Cómo están los niños?’

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09.03.2026

Este es el título de la exposición que el pasado jueves inauguró la artista Ruby Rumié. Una pregunta que puede ser incomoda en algunos espacios, pero que en la exposición se hace mucho más lacerante, pesada y pertinente para generar incomodidades, reproches y demandas por la situación de nuestros niños. Con una excelente fotografía, un valioso montaje y un profundo trabajo, la artista nos interpela, nos confronta y reta como personas y como sociedad con la pregunta por el estado de los niños, apropiándose magistralmente de los elementos que le proporcionan el Volcán del Totumo y las miradas de nuestros niños. Esto permite profundizar las preguntas que, además del título, nos podemos hacer con respecto a nuestra infancia, pues es claro que además de preguntar ¿cómo están?, es válido preguntarse ¿dónde están?, ¿con quién están?, ¿cómo están viviendo?, ¿quién los está protegiendo?, ¿cómo estamos garantizando sus derechos básicos?, que como dice la ley, son prevalentes, impostergables y sujetos de especial protección

El trabajo que se ve en la exposición nos da señales claras de profundas convicciones, un claro reto a lo que vamos aceptando como normal, una acomodación a un status quo que discrimina, excluye e invisibiliza a la infancia y adolescencia, sin generar molestias ni cuestionamientos a lo que una sociedad va asumiendo como los ejes de sus prioridades, tanto en el gasto público, como en la atención y prevención del sector de población que todos nos jactamos de decir que es el futuro, pero para el cual no hay una comprensión solida de lo que debemos hacer para garantizar que vivan en una sociedad mejor a la que hoy tenemos.

Más allá de la interpretación en que la artista pone a la infancia en el centro simbólico y político, también nos remite a pensar en dónde están sus padres, sus familias, sus educadores y en ese aspecto la artista va más allá de la expresión plástica, pues pone en evidencia, apropiándose del lodo como elemento vital, pero a su vez distorsionador de la realidad, a toda la sociedad, al evidenciar la forma como nuestras instituciones no quieren ver esa infancia, la que ella nos presenta arrobada con el lodo del volcán que es a su vez el lodo de la vida cotidiana, que detrás de las noticias de escándalos, corrupción y sicariato, va haciendo de lado las condiciones de vida de esa infancia, que a pesar del lodo con el que los cubrimos, deja claramente abiertas sus miradas, sus preguntas, su reto ante quienes los observamos.

Esta es una exposición que debería generar reflexiones, confrontaciones y en particular decisiones respecto a nuestra infancia, en especial a la de esa exposición, población rural, adolescentes y jóvenes, históricamente excluidos y por fuera del brillo que va generando la ciudad.


© El Universal