De Venezuela a Groenlandia: Un análisis multinivel del comportamiento de Trump

Trump no es una figura que pueda encasillarse fácilmente en una sola categoría o guion. Nueve años de experiencia —cinco de ellos en el gobierno— así lo han demostrado. En ocasiones parece un aislacionista puro; en otras, un mandatario eminentemente transaccional. A veces asoma un impulso claramente imperialista o de halcón en política exterior. Y en no pocos momentos, lo que domina es una impredecibilidad difícil de descifrar, no solo para los observadores externos, sino incluso para su propio círculo cercano, que con frecuencia se ve obligado a explicar sus declaraciones, matizarlas o emitir mensajes destinados a tranquilizar a su propia base. Basta recordar cuando afirmó que Estados Unidos “tomaría posesión” de Gaza y, ante la pregunta de si eso implicaría el envío de tropas estadounidenses, respondió: “Tal vez sí, tal vez no, iremos viendo”. En ocasiones pareciera que ni él mismo tiene del todo claro lo que su estómago le dicta, sin considerar —al menos en ese momento— que una sola idea como “tropas en el territorio” podía generar estragos incluso entre quienes lo llevaron al poder. Pero entonces, ¿qué es lo que guía realmente su comportamiento? ¿Cómo concibe su rol y el de su país en el mundo? ¿Es posible extraer patrones de su conducta pasada sin forzarlo a encajar en un guion rígido e inalterable? En el texto de hoy, tomo los casos de Groenlandia y Venezuela para proponer un análisis en múltiples niveles y contribuir a esa discusión.

1. Primer elemento: lo que propongo implica pensar el tema de manera compleja. No hay un solo factor, sino múltiples factores combinados; no existe una única motivación, sino varias que operan de manera simultánea; ni un solo canal o vía de toma de decisiones, sino muchos, algunos con mayor peso que otros, dependiendo del caso y del momento.

2. Segundo: la propuesta también parte de asumir que Trump no es un hombre de grandes planes o estrategias previamente trazadas, sino que va decidiendo sobre la marcha. A menudo lo hace a partir de visiones relativamente vagas de lo que desea, cuyos detalles apenas se van materializando o tomando forma conforme transcurre el tiempo y en función de sus interacciones con otros actores, tanto internos como externos. Esto lo convierte en un actor particularmente difícil de predecir.

3. Tercer elemento: incorporar niveles de análisis. Usualmente se habla de tres, pero en realidad son muchos más. La toma de decisiones en política internacional —especialmente en el caso de una superpotencia como Estados Unidos— supone analizar lo global, lo regional y la política interna. Implica también observar las dinámicas dentro de cada capa del proceso decisorio en los círculos cercanos a Trump —identificando quiénes ganan influencia y quiénes quedan marginados—, así como en el Congreso, el Senado, los partidos políticos y las percepciones del electorado, entre otros........

© El Universal