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Mundial 2026, el laboratorio multimillonario de Infantino

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Más de 15 mil millones de dólares. Ese fue el negocio que dejó el Mundial 2026 para la FIFA. Ninguna Copa del Mundo había generado semejante volumen de ingresos. El torneo de Brasil 2014 produjo alrededor de 5 mil 700 millones de dólares; Rusia 2018, unos 6 mil 400 millones; Qatar 2022, cerca de 7 mil 500 millones. México, Estados Unidos y Canadá duplicaron esa última cifra. Por no es una casualidad que, apenas concluido el torneo más rentable de la historia, Gianni Infantino haya presentado el siguiente paso de su proyecto.

La FIFA quiere crear FIFA Forward Enterprises (FFE), una subsidiaria que concentrará prácticamente todos los activos comerciales del organismo. Ahí quedarían la Copa del Mundo, el Mundial Femenil, el Mundial de Clubes, los derechos de televisión, los patrocinios, el ticketing y las licencias. Después vendería alrededor de una quinta parte de esa empresa a inversionistas privados para obtener miles de millones de dólares adicionales, aunque supuestamente conservaría el control de la organización y de las decisiones deportivas.

Quien piense que la FIFA está cambiando su modelo apenas ahora no entendió lo que ocurrió durante el Mundial de 2026. Este torneo fue el laboratorio donde Infantino puso a prueba una FIFA concebida como una corporación global.

Nunca antes el futbol había estado tan subordinado a una lógica comercial. Los ingresos por televisión, patrocinadores, hospitalidad, licencias y venta de boletos rompieron todos los récords. La experiencia del aficionado dejó de girar exclusivamente alrededor de los partidos para convertirse en un producto premium, donde prácticamente cada espacio podía monetizarse.

El sello de Infantino en los torneos internacionales ya se venía notando. En el Mundial de Clubes de 2025 hubo cuestionamientos por las altas temperaturas, las pausas de hidratación, la sobrecarga del calendario y los elevados precios de boletos y paquetes de hospitalidad. Las discusiones deportivas quedaron muchas veces desplazadas por el espectáculo y por la capacidad de generar ingresos. Incluso decisiones de organización y protocolo terminaron ocupando más espacio que el propio futbol.

México fue uno de los escenarios donde esa transformación de la FIFA quedó más expuesta. La presencia constante de Infantino, su cercanía con el gobierno de Claudia Sheinbaum y la fastuosa cena en el Castillo de Chapultepec con empresarios y personajes políticos durante la organización del Mundial proyectaron la imagen de un dirigente mucho más interesado en construir relaciones de poder alrededor del torneo que en preservar la distancia institucional que históricamente caracterizó a la FIFA.

Ese perfil de showman también quedó reflejado en su relación con Donald Trump. Pocas veces un presidente de la FIFA había aparecido tan cerca de un jefe de Estado. Los mensajes de respaldo mutuo y la coordinación política alrededor del Mundial alimentaron la percepción de que........

© El Universal