La maternidad

El más grande privilegio que Dios nos concede a las mujeres es la capacidad de ser madres; no solo por la posibilidad biológica de engendrar hijos, sino por esa misión hermosa de participar en la vida de otros seres humanos de manera íntima y profunda, con tantas facetas espirituales, afectivas, emocionales, mentales y físicas, que nos involucran con todo nuestro ser.

Dios se nos revela como Padre y, al mismo tiempo, nos ama con una ternura que las Sagradas Escrituras compara también con la de una madre. Él nos da la vida, nos cuida y protege integralmente, con el deseo de que, usando nuestra libertad, escojamos participar de su comunión de amor con todos los santos y ángeles del........

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