Reflexiones políticas |
Petro debe estar muy asustado cuando lo vemos tan desesperado por elegir a su sucesor en el Palacio de Nariño. Nunca, en nuestra historia, se había visto tal cantidad de participación activa en política (no hace más nada) para ganar las mayorías del Congreso y mantener la Presidencia. Veamos algunos ejemplos: incremento nunca antes visto de la nómina estatal; derroche del gasto público y contratación gigantesca un día antes de la ley de garantías; endeudamiento exorbitante del Gobierno; aumentos sin precedentes del salario mínimo; pactos políticos non santos; captura desesperada de los fondos privados de pensiones; incremento exagerado de impuestos para seguir gastando… En fin, la lista puede continuar. Lo preocupante de dicho actuar es el desplazamiento, también sin precedentes, de la frontera ética de un gobernante para mantenerse en el poder y que, de no castigarse ni regularse hacia el futuro, invitará a que otros hagan lo mismo y sigan corriendo esa frontera hasta que nuestra democracia desaparezca.
En conexión con lo anterior, me pregunto, también: ¿qué busca Petro con sus persistentes amenazas de fraude electoral en el país? Quiero decir, para explicarme mejor: si Petro lleva 42 años de estar participando en nuestra democracia, incluyendo su elección como presidente, ¿ahora resulta que nuestro sistema electoral no le sirve o le preocupa? ¿Será, más bien, que quiere preparar el terreno para desconocer el triunfo electoral de cualquier candidato que no le convenga? Con el prontuario de corrupción en su gobierno, incluidos sus allegados más cercanos y familiares, hasta el diablo se preocuparía. ¿Se imagina usted, estimado lector, al presidente atrincherado en el Palacio de Nariño, gritando que todo fue un fraude y que las elecciones tienen que repetirse en los próximos ocho meses? ¿A quién obedecerían las Fuerzas Militares: a Petro o al presidente recién elegido?
Finalmente, llama la atención que, en un país como Colombia, según varias encuestas, pueda ganar las elecciones presidenciales una persona que se declara abiertamente comunista. No sé si los estimados electores lo tengan claro, pero en 1989 se inició la mayor estampida de países del mundo, huyendo horrorizados del comunismo. Y si muchos piensan que las cosas en Colombia no pueden empeorar, se equivocan: será una catástrofe. ¡Cuánta ingenuidad! Como si el desastre actual de nuestro sistema de salud y de la seguridad nacional no fuera más que suficiente para espabilar incrédulos.