¿Sirven los partidos políticos?
En la conversación pública mexicana hay una sentencia que se repite como verdad cotidiana: “los partidos ya no representan a nadie”. Y aunque la frase nace de un hastío legítimo, también esconde un riesgo mayor: cuando se deconstruye el sistema institucional, el vacío deja hueco a que el poder se reconfigure de formas exageradas y a veces monstruosas como el mesianismo o el nepotismo.
En la última década, las encuestas de preferencia partidista han revelado niveles históricamente bajos de identificación ciudadana con cualquier partido. El rechazo es transversal: izquierdas, derechas y centros sufren el mismo descrédito. Los partidos dejaron de ser vehículos de identidad ideológica para convertirse, en muchos casos, en siglas alquiladas, maquinarias clientelares o refugios de intereses familiares y personales.
El nepotismo no es nuevo en México, pero su sofisticación reciente responde a la erosión del sistema de cuadros. Allí donde los........
