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Gatopardismo, esencia de la política mexicana

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Varios colegas ya echaron las campanas al vuelo, celebrando el creciente distanciamiento entre el gobierno actual y el anterior. Detectan un importante número de indicios de separación, ruptura o consolidación de la presidencia de Claudia Sheinbaum frente a los diktats —tácitos o directos— de Palenque.

Ante todo, distinguen los cambios de personal que han tenido lugar a lo largo de los últimos meses en puestos supuestamente claves. En esta óptica, múltiples personeros de López Obrador han sido sustituidos por funcionarios claudistas, aunque también cuatroteístas. Los podemos enumerar: Pablo Gómez sale de la UIF, y lo remplaza Omar Reyes Colmenares; Alejandro Gertz sale de la Fiscalía General de la República, y toma su lugar Ernestina Godoy; Adán Augusto López deja la coordinación de la bancada de Morena en el Senado, y llega Ignacio Mier; y finalmente sale Marx Arriaga de la SEP para ser sustituido por Nadia López. ¡Por fin! exclaman los emisarios del futuro.

Pero para agriarles el día a mis colegas y amigos, recurro a la idea o analogía de un partidario ilustrado de la 4T, más en lo personal que en lo sustancioso, y que dispone de una gran cantidad de información sobre todos estos menesteres. Mi fuente me sugiere que el curso de los acontecimientos ya citados puede también verse a través del lente de Venezuela, y el papel que allí desempeña Delcy Rodríguez, la nueva presidenta que sustituyó a Nicolás Maduro. Digamos, en lo político y lo discursivo, el gatopardismo de toda la vida.

Rodríguez sí sustituyó a Maduro, pero su hermano, Diosdado Cabello y Vladimir Padrino siguen allí. Se anuncia una ley de amnistía que libere a todos los presos políticos, pero se pospone su aprobación en el Congreso, y algunos de los liberados —Juan Pablo Guanipa, por ejemplo— son detenidos de nuevo. Se da a entender que algunos exiliados podrán volver pronto, pero María Corina Machado, Edmundo González, Leopoldo López y Julio Borges siguen fuera. Se anticipa una apertura de medios, pero persiste la censura. En pocas palabras, cambió una cabeza, la política económica y exterior de Venezuela cambiaron también, pero lo demás sigue igual.

La mejor manifestación de la pertinencia de esta analogía reside en el caso de los libros de texto. La Presidenta dice que va a mandar incluir a unas heroínas en la nueva edición —supongo que para el ciclo 2027-28– pero que fuera de esa mancha de lesa feminismo las demás páginas se mantendrán, con todo y las barbaridades que contienen. Dicho de otro modo, Arriaga se va, sus libros se quedan.

El caso de Pablo Gómez es distinto, pero tampoco inmaculado. Fue removido porque la FinCEN de Estados Unidos exigió su salida: no les tomaba la llamada. Gertz sí fue sustituido por alguien diferente en cuanto a “estilos”, pero resulta difícil determinar quién es más amlista: Godoy o él. Y Adán Augusto permanece en el Senado, permanece impune, y permanece con las manos metidas, por así decirlo, en Chihuahua. ¿Mucho que festejar? ¿En serio?

No sostengo que Claudia Sheinbaum va a conservar indefinidamente a todos los altos funcionarios o colaboradores que le encajó López Obrador. Algunos se cansarán, otros serán desterrados, y uno que otro partirá a hacer otras cosas. Pero lo esencial, salvo si se busca cómo quedar bien, no es eso. Lo que cuenta es la continuidad de políticas públicas, de enfoque, de marco de referencia ideológico, de weltanschauung. López Portillo despidió a Porfirio Muñoz Ledo de la SEP a los nueve meses de haberlo nombrado secretario. Sheinbaum batalla para correr a un pobre director general al año y medio de acceder al poder. No se separa de su mentor porque no quiere, no porque no puede.

Ahora bien, en la medida en que nadie le explique que, sin un golpe de timón, no habrá crecimiento, la Presidenta no buscará más que símbolos de mutación. Lo veremos en los próximos días con la reforma electoral y la elección del resto de los jueces en el 2027. Si cancela la ambición de eliminar o diluir la representación proporcional, y si pospone sine die las elecciones del poder judicial, comenzará una rectificación de sustancia. Si no, seguiremos en el gatopardismo, que al final del día, constituye la esencia de la política mexicana desde tiempos inmemoriales. Sí, son iguales, en todos los terrenos, no sólo en la corrupción, la mentira y la incompetencia. Es lo que hay.

Excanciller de México


© El Universal