Getsemaní

En columnas anteriores he insistido en que la crisis de Getsemaní y del Centro Histórico no es solo social o cultural, sino también urbana y económica. La pérdida masiva de población residente ha debilitado la seguridad, la cohesión social y, paradójicamente, la sostenibilidad del propio turismo. La permanencia de comunidades en los centros históricos no es filantropía: es una condición para que sigan funcionando como barrios vivos y no solo como espacios de consumo turístico.

Con la aprobación del Plan Especial de Salvaguardia de la Vida de Barrio de Getsemaní (PES), la ciudad tiene la oportunidad de dar un paso más: pasar del diagnóstico a las propuestas concretas. El PES no es solo un........

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