Desaparecer a los desaparecidos

Hay respuestas del poder que revelan mucho más que un desacuerdo técnico; la expresada por la Presidenta ante el pronunciamiento del Comité contra la Desaparición Forzada de la ONU no refleja la de un Estado herido por una verdad insoportable que decide corregirse; es la voz de un gobierno irritado porque alguien, desde fuera, se atreve a nombrar lo que se intenta administrar con lenguaje burocrático.

El Comité sostiene que hay indicios fundados de que en México se han cometido y se cometen desapariciones forzadas de forma sistemática, y por eso activa el procedimiento del artículo 34 para llevar la situación a la Asamblea General de la ONU.

La Presidenta responde rechazando el documento, negando su validez y sugiriendo que el problema está mal descrito o mal interpretado. Ahí empieza el verdadero escándalo; no en la existencia del informe, sino en la incapacidad del poder para dejarse interpelar por el dolor y discutir una categoría jurídica, una metodología, un universo de casos o el alcance técnico de una expresión tan grave como el crimen de lesa humanidad.

Resulta poco ético creer que una disputa terminológica altera la experiencia de las madres que escarban con sus propias manos y aprenden a reconocer fragmentos de ropa, de los padres y........

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