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Degradación democrática

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14.01.2026

La democracia moderna padece una peligrosa enfermedad: la indiferencia. Actuamos bajo la convicción de que la política es un territorio exclusivo de otros. Nos acostumbramos a observar la realidad pública como un escenario lejano donde sólo participan los partidos, los gobiernos, los militantes más fervorosos o los fanáticos de turno. Vivimos convencidos de que ellos son los únicos arquitectos del día a día y que nuestra participación está acotada a simples observadores.

En esa aparente comodidad surge la frase más corrosiva de nuestro lenguaje civil: “Es culpa del gobierno”, una aparente crítica que en realidad funciona como absolución interna, como mecanismo de defensa que pretende eximirnos de toda responsabilidad y mantener la esfera de nuestra vida privada intacta a pesar de que el espacio público se desmorone a nuestro alrededor. Si todo es responsabilidad de los demás, nada nos concierne realmente.

Dicho blindaje moral es frágil porque la idea de que no somos responsables de lo que acontece en el........

© El Universal