Administrar miedo y silencio

Desde 2019 el discurso oficial ha predicado que la violencia es una herencia neoliberal culpa de Calderón, una inexistente fantasía o un simple recuento de casos aislados que pretende desestabilizar al poder. Sin embargo, la experiencia indica lo contrario. En México la delincuencia no necesita permiso; por el contrario, el Estado participa en ella y brinda silencio, aviso previo, fiscalías dóciles y policías que miran a otra parte.

Esta insistencia en tratar la criminalidad como un fenómeno exógeno, una peste ajena que infecta el cuerpo social sin responsabilidad para quienes conducen las instituciones, revela una profunda corrupción y un deliberado intento por evadir las obligaciones constitucionales.

Una república que tolera la infiltración criminal en su estructura se convierte en una administradora del miedo, un espacio social y político en el que la autoridad decidió renunciar a su función de custodio para convertirse en testigo de la ilicitud.

La historia de Paola Iveth Gárate........

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