Después de la guerra de Irán: ¿qué ganó Israel?

Militarmente ha tenido éxito, estratégicamente, no tanto. Irán está debilitado, Hezbolá replegado. Gaza yace en escombros. E Israel se encuentra más solo de lo que ha estado en mucho tiempo.

Si el gobierno israelí actual fortalece o debilita el derecho de Israel a existir en seguridad se ha convertido en una de las preguntas geopoíticas más urgentes de Oriente Medio. El gobierno bloquea cualquier solución al conflicto israelí-palestino — y con ello aumenta los costos que toda la región viene pagando desde hace décadas.

La raíz: una ocupación que viola el derecho internacional

Para entender los conflictos de Israel — Irán, Líbano, Gaza — y su aislamiento, hay que partir de un punto que Netanyahu intenta borrar del debate: la ocupación ilegal de los territorios palestinos.

Por una fiesta completa

En julio de 2024, la Corte Internacional de Justicia (CIJ) con sede en La Haya emitió un dictamen contundente: la ocupación israelí de Cisjordania, la Franja de Gaza y Jerusalén Oriental viola el derecho internacional. La CIJ exigió la retirada completa y el fin de una política de asentamientos que desde hace décadas se apropia de tierra palestina.

El gobierno de Netanyahu ignoró el dictamen, lo tachó de motivado políticamente e intensificó la construcción de asentamientos. El ministro de Finanzas Smotrich y el ministro de Seguridad Nacional Ben Gvir — ambos partidarios declarados de anexar todo Cisjordania — hablaron de un ataque a la existencia de Israel. Otros ven en ello una advertencia de que las propias políticas de Israel comprometen su futuro.

Hay una frase donde el dilema de este debate queda al desnudo: “From the River to the Sea.” El eslogan nació en los años sesenta en el movimiento de liberación palestino — como reclamo de un Estado laico y democrático en todo el territorio histórico de Palestina, sin Israel. Hamas lo adoptó en 1988 y lo retomó en 2017, lo que llevó a Israel y Occidente a catalogarlo como llamado antisemita al exterminio.

Lo que suele olvidarse: el programa original del derechista Partido Likud de 1977 establecía que “entre el mar y el Jordán solo puede existir soberanía israelí” — la misma fórmula geográfica de reivindicación, pero al revés. Netanyahu reafirmó en enero de 2024 su rechazo a un Estado palestino y su intención de mantener el control israelí desde el río hasta el mar. Quien califique una versión de llamado al exterminio tendría que aplicar el mismo criterio a la otra. Ignorar esta simetría habla de una moral bastante selectiva.

Décadas de diplomacia internacional, de Oslo a los Acuerdos de Abraham, han repetido lo mismo: sin una solución política a la cuestión palestina difícilmente habrá paz duradera en Oriente Medio. Mientras millones de palestinos vivan sin derechos ciudadanos, sin Estado propio y bajo ocupación militar o en países vecinos, cada tregua no será más que una pausa.

En Oslo se firmaron acuerdos; en Camp David en 2000, el primer ministro israelí Barak presentó una propuesta que Yasser Arafat — entonces jefe de la Autoridad Palestina y líder histórico de la OLP — rechazó. Historiadores israelíes y palestinos discuten hasta hoy si la oferta era realmente viable: el territorio palestino propuesto no era continuo y la soberanía sobre Jerusalén Oriental quedaba sin resolver. En Taba, en 2001, las partes estuvieron más cerca que nunca — pero las negociaciones se interrumpieron tras el cambio de gobierno en Israel.

La idea de un Estado palestino tiene, eso sí, una complicación que no puede ignorarse: Hamas, que controla la Franja de Gaza desde 2007, incluyó en su carta fundacional la destrucción de Israel como objetivo — posición que la versión revisada de 2017 tampoco........

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