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La última compra

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El pasado nunca está donde lo dejamos. La frase es de la escritora Katherine Ann Porter. El fin de semana pasado lo encontré, no en donde lo había dejado, una casa cercana a la calzada México-Tacuba en donde hoy ya no vive nadie, sino en la avenida Cinco de Mayo número 19 B.

En una tienda de artículos ingleses abierta desde 1936 ubicada en ese domicilio, mi abuelo paterno se surtía de un frasco de cristal con tapón azul en cuya etiqueta aparecía una vendedora de lavanda y en donde se leía el nombre de una antigua marca británica: Yardley.

En otro tiempo se creía que una friega de lavanda tras la ducha servía “para cerrar los poros”. Nunca supe en qué ayudaba aquello a la salud, pero cuando mi abuelo salía de bañarse, dejando tras de sí una densa nube de vapor, me acercaba al baño para aspirar a todo pulmón una irrepetible combinación de olores: el del jabón Heno de Pravia, el de la lavanda inglesa de la casa Yardley, y el que dejaban otros productos guardados en el cofre del tesoro que era el botiquín del baño: talco, crema, Glostora y Tricófero de Barry.

De la tienda de artículos ingleses de Cinco de Mayo procedía buena parte de las cosas que formaban parte del ritual de aseo cotidiano de mi abuelo: navajas con mango de hueso y brochas afelpadas........

© El Universal