Jesús crucificado, por encuesta morenista

“¿A quién quieren que suelte a Barrabás o a Jesús?”, preguntó el procurador romano Poncio Pilato, al pueblo judío en la fiesta anual, cuando liberaban a un preso para recordar la salida de Egipto con Moisés. “¡A Barrabás!, no dudó la muchedumbre. El pueblo manda, diría López Obrador, y Pilato se lavó las manos. Soltó a Barrabás.

Aldo Schianove, biógrafo de ese Prefecto de Judea (Trotta), lo presenta como un burócrata del emperador Tiberio, custodio de sus tierras. Allí donde, hoy, es escenario de misiles, fuego, odio y dolor. Como “buen” funcionario, no quería broncas con Roma y su instrumento de trabajo era el cinismo, la “pax” del imperio lograda con un “quedar bien” al encuestar. “¿Qué mal ha hecho?”, insistió el gobernante romano con otra pregunta a la vociferante plaza pública. La multitud reunida en el zócalo gritó: ¡crucifíquenle! (Mateo, 27). Pilatos mandó al patíbulo a Jesús como quería la........

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