Dos muy buenos candidatos |
De este lado de la coherencia tenemos dos muy buenos candidatos: Paloma Valencia, “mi hermana de sangre”; bella, como la virgen María, mujer con un carácter afable pero recio. Estoy seguro de que, de llegar a la Presidencia, se constituiría en una Margaret Thatcher. Senadora aguerrida, joven, con una alta formación que le viene casi natural por su código genético. Proveniente de una casa donde hay poetas ilustres, presidentes de Estado, fundadores de universidades, cosas estas que no se recogen en la calle.
Del otro lado, Abelardo De la Espriella, un “outsider”, de esos que están de moda y han resultado buenos gobernantes; Bukele, Javier Milei, Donald Trump. Sencillamente porque son empresarios y no están contaminados con el virus incurable de nuestra clase política latinoamericana. Empresario privado exitoso que ha dejado todo, su deliciosa vida cultural, para meterse en el berenjenal que es la gobernanza colombiana; más aún con la terrible situación social y económica que nos deja Petro. Tal vez tomará dos periodos presidenciales para recomponer lo que este alucinado deja. Petro entra por la puerta grande al hall de la fama y al libro “bestseller” de los gobernantes enfermos. Que Petro exista y sea presidente de los colombianos solo denota el grado de putrefacción a que ha llegado el que hacer de la política nacional. Y, sobre todo, que haya gente que lo siga. De ese tamaño es el grado de descomposición.
Abelardo tiene una valentía que hace recordar a Álvaro Uribe Vélez cuando joven por allá, en la década del 2000. Tan valiente y jodido que cierra su campaña en la ciudad de Cali, bastión petristas, jurisdicción de los “reyes” de la primera línea, municipio lleno de hampones urbanos peligrosos, cuyo actuar delictivo se perpetra desde las goteras de la ciudad. Jamundí, centro de su accionar delincuencial, queda a pocos kilómetros de la plaza de Cañaveralejo... la que Abelardo llenó hasta las banderas. Con gran astucia, para equilibrar las cargas de su condición de costeño, nombró a un cachaco como su fórmula vicepresidencial y qué clase de cachaco. El mejor, tan bueno como Abelardo mismo.
Aún es de noche en Caracas
La suerte está echada. Tenemos que votar copiosamente por nuestros candidatos porque ya no se pueden unir, es algo tarde para eso. Votar, en este momento aciago, más que un deber ciudadano es un acto de sumo patriotismo. La abstención debe casi desaparecer porque lo que está en juego es muy delicado y el candidato contrario a derrotar, un tal Iván Cepeda, experto en mentiras, es un hombre mañoso, lo que lo hace un contrincante muy peligroso, que además tiene todo el apoyo del Gobierno.
Lo que sí está muy claro es que en este momento específico, como nunca, se necesita una mano muy dura, para combatir los focos rojos de la delincuencia, y fumigar hasta la saciedad los cultivos de Juan Manuel Santos.