Guerras ajenas

Hay silencios que no nacen de la cobardía, sino de una prudencia amarga, tal como esa lucidez que obliga a mirar el incendio antes de correr hacia las llamas. No toda retirada es traición, ni toda reserva merece el nombre de complicidad. A veces callar es medir fuerzas, reconocer límites y entender que no debemos graduar de enemigo a cualquiera.

Desde la comodidad de la grada solemos exigir una valentía que no siempre estaríamos dispuestos a practicar si el peligro nos respirara en la cara. Admiramos al que detiene un atraco, una agresión, al que se planta frente al poderoso cuando todos agachan la cabeza. Lo injusto empieza cuando esos actos admirables se vuelven patrón obligatorio para medir la decencia de los demás, porque no se........

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