El mar, por ahí |
El sol de las tres de la tarde entibiaba el agua transparente que dejaba ver las caracuchas, y pequeños peces multicolores que se movían de un lado a otro buscando alimento en las bailantes y jóvenes praderas marinas. Íbamos al mar todos los días. Andábamos descalzos por la arena de la playa, mirando siempre hacia el lugar distante en donde el cielo y el mar se entrelazaban. -Es el horizonte-, decía mi abuelo, cuando me quedaba ensimismado viendo aquel abrazo interminable.
Nos sentábamos bajo la sombra de un cocotero gigante cargado de frutos, y ahí adormecíamos mientras llegaba la hora más esperada: era........