El cuarto de los espejos |
El cuarto de los espejos
«Quien persigue monstruos debe cuidar de no convertirse a su vez en uno; cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.»
Esta historia la escuché o la soñé o la viví en estos días. Realmente no lo sé; espero que les guste cuando la lean. El cazador de necios llevaba años recorriendo el mundo con su catalejo, señalando con dedo firme a todos aquellos que, según él, habitaban la necedad. Había aprendido a reconocer el andar torpe del soberbio, el lenguaje vacío del que se cree ungido por los dioses, la mirada vidriosa y enajenada del que confunde su opinión con la verdad absoluta. Su catalejo era preciso, sus denuncias, agudas; nadie podía acusarlo de no ver con claridad y certeza. Una noche, persiguiendo a un necio muy conocido por ser elocuente, que huía por los callejones de la ciudad amurallada, el cazador entró en un cuarto que nunca antes había visto. Era un cuarto circular, con paredes llenas de espejos desde el suelo hasta el techo. En el centro, una lámpara proyectaba una luz que multiplicaba su imagen en todas direcciones. El necio al que perseguía se había esfumado.
El cazador dio una vuelta sobre sí mismo, examinando los reflejos. Allí estaban todos los necios que había descubierto y señalado en........