Cartagena crece hacia arriba, pero su gente se hunde |
Cartagena crece hacia arriba, pero su gente se hunde
“El desarrollo de una ciudad que no eleva el bienestar de su gente es apenas un decorado que oculta su caída.”
A juzgar por lo poco que sé, existen ciudades que se expanden como la verdolaga sobre la playa; Cartagena de Indias, en cambio, parece habitar una paradoja inexorable. Aquí, el paisaje urbano se ha convertido en una vitrina de modernidad: torres y complejos residenciales que se multiplican por doquier, junto a proyectos de infraestructura que buscan posicionar a esta urbe cosmopolita como un destino competitivo para el turismo nacional e internacional.
No obstante, a veces se convierte en una Venecia de aguas sucias y malolientes cuando la lluvia rebosa las alcantarillas de los barrios más icónicos. A simple vista —o, como diría Perogrullo, a vuelo de pájaro— todo indica avance, desarrollo y progreso. Sin embargo, cuando usted, amigo lector, deja de observar esa bella postal detenida en el tiempo y la historia, y posa su mirada sobre el territorio donde habita la mayoría, surge, como un vórtice ineludible de contradicciones, una realidad contundente: el crecimiento físico de calles y edificios no se refleja en el bienestar social.
El relato de que aquí se construirá el edificio más alto del país o el malecón más largo, entre otras “grandes ideas”, mantiene a la población en un adormecimiento general, bajo la falsa premisa de que la opulencia física es sinónimo de dignidad humana. ¡Qué ironías tiene la vida!
Esto que escribo no es ficción: es realidad.........