La última noche |
La ciudad olía a pólvora, soldados por doquier y en la radio una voz plana daba órdenes marciales. Los ojos de Matilde yacían secos de tanto llorar. Primero fue la siniestra sombra del diagnóstico de cáncer al dueño de cada latido de su corazón. Y cuando la enfermedad parecía controlada empezó la violencia fratricida y luego el bombardeo sobre La Moneda. Sus casas fueron saqueadas mientras muchos amigos comunistas desaparecían por encanto. Doce días antes el presidente había muerto.
El doloroso pero esperanzador exilio aguardaba por ellos en un avión que al día siguiente los llevaría a México, donde la oposición esperaba que la voz del poeta se convirtiera en el canto del........