“Otra vez, Cata”
Fui a Puerto Duro movido por esa curiosidad que nos entra a los cartageneros cuando cambian algo de la ciudad, que creemos nuestro desde siempre. La tarde caía sobre Chambacú, y la India Catalina, recién consentida por las obras, parecía mirar con su acostumbrada serenidad hacia algún punto remoto de su propia historia.
Entonces la vi. Era una señora de rasgos indígenas, parecida inquietantemente a Catalina, sentada cerca del monumento. Lloraba. Dos lágrimas le bajaban lentamente por las mejillas. Me acerqué y, sin preguntarle demasiado, comenzó a reclamarme por aquella estatua.
- “Yo nunca me vestí así”, dijo. “Me llevaron siendo niña de mi tierra, de Zamba, a Santo Domingo. Allí aprendí castellano, conocí la religión de ellos y años después........
