Pecado capital como capital político |
En esta temporada de recogimiento, y como pecadores que somos, vale la pena reflexionar sobre cómo se percibe hoy el pecado en el ámbito personal y en el entorno político. En lo privado, el pecador todavía está en conflicto con su conciencia; baja la voz, ensaya la contrición y se refugia en la discreción. El pecado nos obliga a mirar hacia adentro, nos deja un mal sabor, el remordimiento nos carcome.
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Sin embargo, en el escenario público, esa acepción del pecado ha sufrido una descarada metamorfosis. En la política colombiana, el pecado no solo se ha trasladado a la esfera colectiva sin el menor rubor, sino que se practica con la estridencia de un mérito, como si fuera un gran logro. Lo que en la casa es una razón para callarse, en el Capitolio es un pretexto para pavonearse. Mientras el ciudadano de a pie se oculta por decencia, el político sabe que pecar a los cuatro vientos fortalece su influencia. Ahora el pecado ya no se confiesa; se usa para fanfarronear. Se........