Lástima; tan bueno que era

Hubo un tiempo en que el Washington Post no le pedía permiso al poder para incomodarlo. Por una de esas movidas que parecen sacadas de una serie de Netflix, el periódico que hace cincuenta años hizo renunciar a un presidente de Estados Unidos es el mismo que hoy, en vez de cuestionar al inquilino de la Casa Blanca, prefiere congraciarse con él.

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La crisis que atraviesa el Post no se puede justificar por los balances en rojo, la caída de suscriptores o las transformaciones tecnológicas. Todo eso existe, claro; pero reducir lo que ocurre a un problema financiero es una manera elegante de esquivar el debate de fondo: la pérdida de independencia editorial en un medio cuya razón de ser fue, durante décadas, vigilar al poder sin miedo ni favoritismos.

La cercanía de su propietario, Jeff Bezos, con Donald Trump dejó de ser una sospecha para convertirse en un patrón. El episodio más elocuente ocurrió durante la campaña presidencial de 2024, cuando la........

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