Las huellas del poeta

Rubén Darío, cuyo nacimiento se conmemora este mes de enero, estuvo en seis temporadas diferentes en Madrid, y sus huellas quedan dispersas por toda la ciudad, algunas invisibles porque los lugares donde vivió y que frecuentó, pisos, hoteles, librerías, cafés, ya no existen más. He rastreado esas huellas. Por ejemplo, andando desde la plaza de Santo Domingo, en pleno Madrid de los Austrias, se entra en la calle de las Veneras, que se abre en horquilla desde la costanilla de Los Ángeles y se prolonga en la calle de Trujillos, hasta encontrarse con la calle de la Flora, donde vivió Mario Vargas Llosa.Encima del portón del número 4 de las Veneras hay una placa que señala el lugar como domicilio de Darío, “cantor y adelantado de la futura hispanidad”. Y se señala que allí fue escrito en 1905 el poema Salutación del optimista.Juan Ramón Jiménez, su discípulo más joven, y el preferido, recuerda sus visitas a Darío en las Veneras, en “un entresuelo chato y oscuro y desapacible”. Usaba, dice, para estar en casa una boina........

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