Radicalizar el cambio |
Es una clara muestra del vacío argumentativo de la oposición que la única forma de enlodar a Iván Cepeda, quien va punteando en todas las encuestas, sea atribuyéndole una supuesta relación orgánica con la extinta guerrilla de las Farc. No solo no es verdad, sino que pareciera que el haber tenido a un exguerrillero de presidente no ha servido para desestigmatizar a quienes alguna vez empuñaron las armas y decidieron suscribir un acuerdo de paz.
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Hace nueve años, más de 13.000 excombatientes de las Farc dejaron las armas. Es cierto que algunos volvieron al monte; sin embargo, la gran mayoría sigue en el difícil proceso de reincorporación a la vida civil. Además, seamos sinceros: a la oposición nunca le ha interesado el destino de los excombatientes; su único interés es continuar la guerra para poder alimentar el odio y la rabia que moviliza a su electorado.
Viendo una reciente entrevista a Cepeda en Noticias Caracol, queda claro por qué la oposición y sus contradictores políticos no tienen más argumentos para atacarlo. Es ese, en efecto, su verdadero miedo: a Cepeda no se le puede hacer ningún reproche.
Empecemos por su tono. A diferencia de otros políticos, Cepeda no emana soberbia; todo lo contrario, su tono pausado denota serenidad y humildad. No tiene esa vehemencia impostada del político tradicional; no necesita actuar: es transparente y sincero. Es, como dicen coloquialmente, “de una sola pieza”.
Su discurso político no es un invento ni es vacío, es el resultado de su experiencia de vida y de su trayectoria política. Por esto, no tiene miedo de usar la palabra “radicalizar” cuando se refiere a profundizar la política social de este gobierno. Para Cepeda, invertir en lo social es invertir en el crecimiento económico y en el desarrollo del país: cuando se trata de erradicar la pobreza y reducir las desigualdades, no es un error ser radical. De lo que se trata, dice Cepeda, es de redistribuir la riqueza para que sirva a la prosperidad de la sociedad.
Con Iván Cepeda en la presidencia, el debate político dejará de ser un escenario de insultos y pasará a ser un escenario para la construcción de acuerdos.
Cepeda no se ha caracterizado por ser un demagogo; por esto, escribe sus discursos para que sus propuestas de gobierno no queden reducidas a palabras al viento.
Cepeda es garantía de que, en materia agraria, se irá más allá de lo establecido en el acuerdo de paz con las Farc; es decir, no solo entregar tierras y titularlas, sino convertir la economía campesina en un motor de la economía nacional, que Colombia se convierta en una potencia mundial agroalimentaria.
Sobre la política de paz, una de las grandes fallas de este gobierno, es enfático en decir que la política de seguridad no puede ser una política aislada, sino que debe articularse con otras políticas, en particular con el desarrollo de los territorios más afectados por la violencia.
Pero lo que más temen sus contradictores es su capacidad de diálogo, auténtica, sin dobles intenciones. Ninguno de los candidatos que ha construido su campaña sobre la supuesta polarización de la sociedad colombiana tiene la capacidad de tender puentes como la que tiene Cepeda. El mismo José Félix Lafaurie, dirigente ganadero, lo reconoció en una reciente entrevista cuando dijo que Cepeda era “un hombre ponderado, reflexivo y con convicciones firmes”. Es justamente su capacidad de diálogo con todos los sectores del país lo que le permitió llegar a un acuerdo con Fedegan para que este le vendiera unas tierras al Estado para ser entregadas al campesinado.
Creo que en estos últimos meses de campaña deberían resaltar esas virtudes: su humildad y su capacidad de diálogo. Con Iván Cepeda en la presidencia, el debate político dejará de ser un escenario de insultos y descalificación moral del adversario y pasará a ser un escenario para la construcción de acuerdos esenciales sobre el horizonte de país que soñamos.
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